El país que le pregunta a la máquina por el número ganador

Un análisis preliminar de 9.025 noticias publicadas entre enero y septiembre de 2026 muestra una conversación abundante, optimista y curiosamente ajena al país. Cuando la IA se vuelve local, suele aparecer como anuncio, prohibición o número de lotería. La política pública casi nunca entra en escena.

Fecha
Autor
Marlon Ávalos Elizondo
Tema
Inteligencia Artificial
Generado con Adobe Firefly

En Costa Rica, la inteligencia artificial ha tenido más oportunidades de adivinar el premio acumulado de la Lotería Nacional que de entrar a una discusión legislativa. Entre el 1 de enero y el 13 de septiembre de 2026, la prensa nacional publicó 61 notas que atribuían a una IA predicciones de lotería o resultados de fútbol. Solo 15 la relacionaron con la Asamblea Legislativa, diputados o un proyecto de ley.

El contraste parece una rareza pintoresca. En realidad, revela cómo la prensa costarricense está enseñando a imaginar la inteligencia artificial. Entre las notas que sí aterrizan en el país, el marco más frecuente asigna a la IA el papel de oráculo, por delante de la regulación o la discusión legislativa: una máquina sin rostro que recomienda números, anticipa marcadores y presta una apariencia tecnológica al azar.

Un segundo análisis, basado en revisión humana de una muestra representativa del corpus, será publicado más adelante para comparar los resultados de un método agéntico frente a uno manual y así validar la consistencia metodológica.

La mayoría de las noticias sobre IA carece de anclaje costarricense, revelando una conversación abundante cuyos protagonistas, referencias y promesas siguen llegando principalmente desde el exterior.

La conclusión surge de un análisis realizado con Haiku sobre una muestra de 9.025 noticias de prensa escrita y digital costarricense. Dentro de ese corpus, 1.472 piezas, un 16,3%, mencionaron inteligencia artificial, sus principales marcas o técnicas asociadas. El volumen es considerable, pero el contenido resulta bastante menos nacional: apenas el 28,6% de las notas de IA menciona a Costa Rica, una institución pública, una provincia o un actor local identificable en el título o el resumen. En los titulares, la proporción cae al 16,3%.

Haiku es una plataforma de monitoreo automatizado de noticias y análisis de inteligencia mediática, desarrollada por quien firma este artículo. Algunos medios bloquean el rastreo automatizado (web scraping) de sus sitios, por lo que no es posible garantizar la recolección del 100% de las noticias publicadas en el periodo analizado.

Este retrato no permite saber qué piensa la ciudadanía. Haiku mide oferta editorial, no consumo ni opinión pública. Sí permite observar qué historias ponen los medios frente a sus lectores. La imagen es incómoda: la prensa de Costa Rica habla mucho de IA, pero buena parte de la conversación llega empacada desde fuera, con protagonistas extranjeros, vocabulario empresarial y conclusiones redactadas antes de que un periodista haga la primera pregunta.

Un futuro importado#

Ese 28,6% tiene una contracara: siete de cada diez notas sobre inteligencia artificial carecen de anclaje costarricense. Muchas describen el lanzamiento de un modelo, una función incorporada a un teléfono, una inversión de una multinacional o una advertencia pronunciada en otra capital. El país aparece como espectador de un futuro producido en California, Seattle, Londres o Pekín. La proporción se mantiene casi idéntica en las dos mitades del año, 28,3% entre enero y julio y 29,2% de julio en adelante, de modo que no es un efecto del cambio de monitoreo sino un rasgo estable de la cobertura.

Las entidades citadas refuerzan esa impresión. El 21,5% de todas las notas de IA menciona alguna gran empresa extranjera del sector, entre ellas OpenAI, Anthropic, Google, Microsoft, Nvidia, Meta, Apple, Amazon, DeepSeek o xAI. En la segunda mitad del periodo, se extrajeron 551 menciones a organizaciones dentro de las noticias sobre IA; apenas 32, un 5,8%, correspondían a organizaciones costarricenses. Esta última clasificación fue realizada por un modelo que utilizó diferentes APIs de IA como Claude, ChatGPT, Gemini y Groq (sí, con q al final) y debe leerse como una señal comparativa, no como un censo infalible.

El vocabulario también se desplaza. En comparación con el resto de la cobertura nacional, las noticias sobre IA usan mucho menos palabras como gobierno, presidente, país, proyecto, pública o Costa Rica. A cambio, se llenan de nombres de compañías, productos y modelos: la palabra “artificial” aparece 6.732 veces más que en el resto de la cobertura nacional; “OpenAI”, 475 veces más, y “Anthropic”, 359. La agenda queda organizada por los calendarios de lanzamiento de quienes fabrican la tecnología.

Cubrir una industria global exige mirar al exterior. El problema aparece cuando la traducción local nunca llega. Una noticia puede explicar qué hace el nuevo modelo de una empresa y, aun así, dejar intactas las preguntas relevantes para Costa Rica: quién podrá usarlo, qué empleos altera, qué datos nacionales procesa, qué infraestructura demanda, qué proveedor captura el valor y quién responde cuando falla. Sin esas preguntas, el país participa en la conversación como mercado, no como actor.

La tecnología recibe el beneficio de la duda#

La IA entra a la prensa costarricense acompañada de una presunción favorable. Entre las 1.333 notas para las cuales había análisis de tono, el modelo clasificó el 40,1% como positivas y el 18,8% como negativas. En las 6.612 notas sin mención de IA que también contaban con análisis de tono ocurrió casi el reflejo inverso: 17,6% positivas y 40,3% negativas.

No conviene convertir esa clasificación automática en un termómetro emocional de cada periodista. El tono fue estimado por IA y sirve sobre todo para comparar grupos dentro del corpus. Aun con esa cautela, la inversión es demasiado marcada para ignorarla. La prensa suele contar la política, la seguridad y la economía de Costa Rica desde el conflicto. La tecnología entra por otra puerta: lanzamientos, inversiones, convenios, eventos y promesas de eficiencia.

El marco de la noticia predice su tono. Las notas sobre eventos y conferencias fueron clasificadas como positivas en un 70,8% de los casos y no registraron piezas negativas. Las de fraude y suplantación llegaron al extremo opuesto: 77,5% negativas. Educación y salud aparecieron como territorios celebratorios, con 64% y 66,2% de notas positivas, y son además los marcos más anclados en Costa Rica después del oráculo, con 56% y 46%. Cuando la IA llega a lo nacional, suele llegar como buena noticia institucional.

La cobertura sobre IA es mucho más positiva que el resto de las noticias nacionales, donde la proporción de piezas negativas prácticamente se invierte.

La máquina recibe el tono del escenario donde se la presenta: promete sobre una tarima corporativa, amenaza en una alerta de fraude y ahorra tiempo en un aula o en un hospital. Pocas noticias se detienen a observar la zona gris donde conviven ventajas, costos, errores y personas que asumen el riesgo. Un comunicado de lanzamiento rara vez llega acompañado de un escéptico.

El Estado llega cuando la decisión ya está tomada#

El marco de gobernanza y política existe, pero es delgado: 113 notas, un 7,7% del corpus de IA, y el único donde el tono se reparte casi por mitades, con 26,5% de piezas positivas frente a 28,4% negativas. Dentro de ese espacio, la presencia institucional costarricense es mínima. El MICITT aparece en ocho de las 1.472 notas de IA, un 0,54%. La Asamblea Legislativa, los diputados o los proyectos de ley figuran en 15. La CCSS aparece en 16; el MEP, en 14; el INA, en seis; y las universidades estatales, en 22. Presupuesto o financiamiento público se menciona en 11. Soberanía o dependencia tecnológica, en siete. El TSE o la regulación electoral figuran en dos notas; el Poder Judicial costarricense, en tres.

Las pocas excepciones ayudan a entender el patrón. La prensa cubrió el cuestionamiento del MICITT a una propuesta sobre IA en procesos electorales, acompañado de la advertencia desde el propio TSE de que no está “en ninguna capacidad de poder regular”; la prohibición del Poder Judicial de sustituir funciones esenciales mediante sistemas automatizados; la incorporación de Costa Rica a Pax Silica; y la alianza del país con Google Cloud. Son hechos relevantes y comparten una característica: la institución aparece al firmar, objetar, anunciar o prohibir.

La deliberación previa casi nunca se vuelve noticia. No se ven las alternativas consideradas, los riesgos aceptados, los desacuerdos técnicos, la evidencia descartada o las condiciones impuestas a un proveedor. El ciudadano conoce el acto administrativo terminado, no el proceso que decidió su contenido.

Esa invisibilidad tiene consecuencias. En tecnologías capaces de afectar derechos, empleo, servicios públicos y presupuestos, el procedimiento también es política. Cuando la discusión pública comienza después de la firma o de la prohibición, el debate queda reducido a adhesión o rechazo. La rendición de cuentas llega tarde y con poco material para trabajar.

La ausencia de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA) en 1.472 notas condensa el problema. Cero menciones no prueban que la estrategia —de la que quien escribe este artículo es autor— carezca de acciones ni que los medios se nieguen a cubrirla. Muestran algo más concreto: todavía no ha producido suficientes hechos públicos, verificables y periodísticamente legibles para organizar la conversación. Una política encerrada en el lenguaje de los instrumentos suele perder frente a un producto que promete editar fotografías en diez segundos.

El oráculo criollo#

El 4,1% de toda la cobertura de IA está compuesto por predicciones de lotería y fútbol. Puede parecer un margen anecdótico. Sin embargo, esas 61 notas forman el grupo más conectado con Costa Rica: el 60,7% menciona actores nacionales, más del doble del promedio del corpus. Allí están la Junta de Protección Social, Saprissa, Alajuelense y los colones del acumulado.

En La Teja, la mitad de la cobertura de IA pertenece a ese marco, y las palabras “suerte” y “sorteo” aparecen 76 y 47 veces más que en el resto del corpus. El dato merece algo más que una sonrisa condescendiente. Los medios populares encontraron una forma de domesticar una tecnología distante: le asignaron un oficio conocido, el de adivinar lo incierto. La IA deja de ser una infraestructura abstracta y se convierte en personaje cotidiano.

Ese acceso tiene un costo. La fórmula “la IA predice” otorga autoridad sin identificar método, datos, tasa de acierto o responsable. El sistema funciona como una fuente sin nombre y el halo tecnológico maquilla una selección que puede ser enteramente arbitraria. El lector recibe el resultado, pero no las condiciones bajo las cuales fue producido. El modelo clasificó el 90% de estas notas como de tono neutro y ninguna como negativa: una IA sin riesgo, sin autoría y sin consecuencia.

Las predicciones de lotería y fútbol cuadruplican las menciones legislativas, mientras la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial permanece completamente ausente de la cobertura analizada.

Las notas de azar no están solas. Otras 36 piezas usan la IA como curiosidad viral y 23 exploran vínculos afectivos con chatbots: parejas virtuales, compañía y soledad. En conjunto, estos registros suman 120 noticias, más que todas las notas que vinculan la IA con instituciones públicas costarricenses. La experiencia mediática más cercana de la IA se construye así alrededor del entretenimiento, la intimidad y la superstición digital.

Despreciar esa puerta de entrada sería un error: bien aprovechada, también podría alfabetizar. Bastaría con que el relato añadiera preguntas elementales: qué modelo produjo el número, por qué respondió eso, cuántas predicciones anteriores fallaron y qué significa realmente que una máquina “recomiende” una apuesta. Sin esa segunda capa, la familiaridad no produce comprensión sino una especie de obediencia recreativa.

Una inteligencia artificial para cada público#

Cada medio parece cubrir una tecnología distinta. La Nación publicó 291  notas y privilegió los productos de consumo; solo el 14% tuvo anclaje nacional. El Financiero publicó 236 y se concentró en negocio y adopción. La Teja convirtió la IA en oráculo. IT Now la presentó sobre todo como una agenda de eventos y conferencias. El Mundo CR, en cambio, alcanzó un anclaje costarricense del 78%, el mayor entre los medios con volumen relevante.

La intensidad también varía. Dentro del corpus analizado, el 54,5% de las piezas capturadas de El Financiero trató sobre IA. En CRHoy, medio de gran alcance general, la proporción fue de 6,7%. Cincuenta y dos medios publicaron al menos una nota de IA, pero los dos más activos concentraron el 35,8% de toda la cobertura; los cinco primeros, el 56,2%, y los diez primeros, el 78,5%. 

Cada medio construye una IA diferente: producto para La Nación, negocio para El Financiero, oráculo para La Teja, eventos para IT Now y enfoque local para El Mundo.

Estas cifras no permiten afirmar quién leyó cada historia ni medir el tamaño real de sus audiencias. Sí muestran una oferta editorial estratificada. El medio económico entrega IA como herramienta de productividad, inversión y estrategia. El medio popular la aproxima mediante el azar. Parte de la prensa general la presenta como un catálogo de funciones y dispositivos. La misma sigla designa objetos sociales diferentes según la puerta por la que entra el lector.

Esa fragmentación importa para la política pública. Una discusión sobre regulación, por ejemplo, reunirá a personas que llegan con marcos incompatibles: para unas, la IA es ventaja competitiva; para otras, amenaza laboral; para otras, un juguete que responde cualquier cosa. Hablar de “la percepción pública de la IA” como si fuera una sola resulta cómodo y probablemente falso. Hay varias inteligencias artificiales circulando en el imaginario nacional, aunque todas usen el mismo nombre.

La prensa transcribe más de lo que interroga#

Buena parte de la cobertura de IA no se produce en Costa Rica. En la segunda mitad del periodo, el 32,1% de las notas del tema estaba firmado por una agencia internacional o por una etiqueta genérica de redacción: 68 piezas de AFP, 26 de Revista Summa, 19 de “Redacción IT Now” y 16 del Foro Económico Mundial. Eso no es un detalle de créditos, porque explica una parte importante de la ausencia nacional que recorre el corpus: un despacho escrito para audiencias globales no se detiene a preguntar qué pasa con el empleo en Alajuela ni con el presupuesto de una institución costarricense.

El origen de la fuente también anticipa el tono. En Revista Summa, el modelo clasificó como positivas el 78,6% de las notas de IA y ninguna como negativa; en IT Now, el 71,4%, con el mismo cero. El Financiero, que reportea sus propias historias de negocios, se acerca al equilibrio con 31,7% de piezas positivas frente a 27,6% negativas, y en Teletica la balanza se inclina apenas hacia lo negativo. Donde el hablante es el organizador del evento o el proveedor de la solución, el conflicto simplemente no llega al texto.

Los marcos combinan distinto anclaje nacional y negatividad: el oráculo es local y neutral; el fraude, negativo; el riesgo existencial, principalmente extranjero.

Aun así, la homogeneidad no se explica por copias literales. Apenas el 1,8% de los titulares distintos apareció en dos o más medios. Las redacciones no necesitan copiarse entre sí para terminar en el mismo lugar; basta con que reciban los mismos comunicados, consulten las mismas fuentes y organicen la agenda alrededor de los mismos eventos.

El resultado es una cobertura con poca fricción. Las afirmaciones empresariales viajan desde la presentación hasta el titular con escasas escalas. En un campo donde casi todo proveedor promete transformar alguna actividad, el periodismo termina midiendo novedades y no consecuencias.

La especialización técnica ayudaría, pero el escrutinio no exige que cada reportero entrene un modelo fundacional. A menudo basta una segunda pregunta: ¿comparado con qué?, ¿con cuáles datos?, ¿quién asume el error?, ¿qué ocurrió en el piloto?, ¿cuánto cuesta operar la solución una vez terminado el anuncio? La distancia entre promoción y periodismo puede caber en una pregunta bien puesta.

El trabajo es donde la promesa se agrieta#

La cobertura sobre empleo ofrece una excepción reveladora. el modelo clasificó 104 notas dentro de ese marco. El 37,6% tuvo tono negativo y el 36% mostró anclaje costarricense. Es el territorio donde la IA abandona la abstracción y amenaza con producir una pérdida reconocible.

Pero incluso allí falta un actor. Solo seis notas del corpus de IA mencionan derechos laborales, sindicatos, negociación colectiva o la OIT. El desplazamiento de puestos se narra como una fuerza de mercado, parecida al clima: llega, obliga a adaptarse y carece de interlocutor. Los trabajadores aparecen con frecuencia como una categoría afectada, rara vez como fuente con capacidad de negociar cómo se introduce la tecnología.

La misma lógica aparece en otros marcos de daño. Fraude y suplantación concentra la negatividad porque hay una víctima, una identidad robada o dinero en riesgo. La desinformación y la democracia suman 37 notas; el riesgo existencial reúne 45, con un 54,5% de tono negativo y apenas un 4% de anclaje nacional. Cuanto más concreta es la pérdida, más posibilidades tiene la historia de tocar tierra costarricense.

Ese hallazgo ofrece una pista editorial. Las grandes declaraciones sobre el futuro del trabajo importan menos que documentar qué tarea cambió, quién decidió automatizarla, qué productividad obtuvo, qué error apareció y qué capacidad de apelación conservó la persona afectada. La ética se vuelve noticia cuando tiene una planilla, una factura, un expediente, una víctima o cuando hay un conflicto.

Las ausencias también gobiernan la conversación#

Los temas ausentes dibujan al usuario implícito de la IA: conectado, urbano y capaz de absorber el cambio por su cuenta. Género, mujeres o niñas aparecen en 34 notas, un 2,3% del corpus de IA. Niñez y adolescencia figuran en 25; regiones fuera de la Gran Área Metropolitana, en 24; derechos humanos, en ocho; propiedad intelectual, en 11. Discapacidad y accesibilidad aparecen en dos. Brecha digital o conectividad rural, también en dos.

El marco de infraestructura reúne 57 notas y se cuenta en clave celebratoria, con 50,9% de piezas positivas frente a 7,5% negativas. La dimensión ambiental alcanza 58 noticias, pero casi todas miran hacia fuera: centros de datos en Estados Unidos, consumo hídrico global o transición energética europea. La única serie que conecta un centro de datos de IA con territorio costarricense es la publicada sobre Limón, y entró a la agenda por un problema con el régimen de zona franca, no por el uso de agua o electricidad, o al menos así fue detectado por el modelo.

Derechos, brecha digital, discapacidad, regiones y política pública apenas aparecen. La ENIA no recibió una sola mención entre 1.472 noticias sobre IA.

Estas ausencias no demuestran que los efectos no existan, sino que todavía no cuentan como asuntos centrales de la cobertura. La ficción de una adopción sin fricciones deja fuera a quien comparte un teléfono, depende de conectividad inestable, necesita una interfaz accesible o vive en un territorio donde la nueva infraestructura competirá por recursos.

También reduce la calidad del debate regulatorio. Si las noticias presentan la IA como un software que flota en la nube, las exigencias de energía, agua, chips, centros de datos y contratación desaparecen del cálculo. Si el empleo se trata sin derechos laborales y la educación sin brecha digital, las políticas heredarán el mismo punto ciego que la cobertura.

Dos historias que hicieron la segunda pregunta#

El corpus contiene dos ejemplos modestos de una cobertura diferente. En agosto, La Nación investigó la presencia de canciones de artistas costarricenses en bases de datos usadas para entrenar modelos de IA. La historia identificó 146 canciones de Tapón y recogió la reacción del músico. Un debate global sobre propiedad intelectual adquirió nombre, obra y posible afectación local, dentro de un marco —cultura y autoría, 66 notas— que apenas alcanza un 11% de anclaje costarricense.

En septiembre, La Nación y La República siguieron el anuncio de un centro de datos de IA en Limón. Dos días después, la cobertura reveló que la empresa promotora había perdido el régimen de zona franca desde mayo. El proyecto dejó de ser una promesa de inversión y pasó a ser un objeto verificable, con antecedentes administrativos y preguntas pendientes.

Ninguna de las dos historias resolvió por sí sola el debate sobre entrenamiento de modelos o infraestructura digital, pero su valor está en el método: ambas localizaron un fenómeno global, identificaron a quién podía afectar y buscaron evidencia fuera del comunicado inicial. Allí aparece el periodismo que la IA necesita.

La agenda posible es amplia: contratos públicos, bases de entrenamiento, licencias, consumo eléctrico e hídrico, resultados de pilotos, errores documentados, mecanismos de apelación y distribución de beneficios. No hace falta perseguir ciencia ficción. Los documentos, las personas afectadas y las decisiones presupuestarias ya ofrecen suficiente conflicto.

Una política pública que pueda convertirse en noticia#

La respuesta a las cero menciones de la ENIA no debería ser una campaña para repetir su nombre. El desafío consiste en producir decisiones observables mientras todavía pueden discutirse. Un registro público de sistemas de IA, evaluaciones de impacto, reglas de compra de tecnología, criterios de entrada y salida de un sandbox, resultados de pilotos e informes de incidentes darían a la prensa hechos que examinar, no consignas que reproducir.

Eso también cambiaría el lugar del Estado en la historia. En vez de aparecer únicamente durante la firma o la prohibición, quienes lideramos desde las instituciones el diseño de política pública como esta, podríamos exponer alternativas, publicar evidencia y explicar los riesgos que estamos dispuestos a aceptar. La transparencia temprana puede generar conflicto. Precisamente por eso tiene valor democrático: permite que la discusión ocurra antes de que la tecnología quede incorporada a un servicio público o a un contrato difícil de revertir.

Los medios, por su parte, necesitan tratar la IA como una fuente transversal y no como una subsección de tecnología. La infraestructura compete al periodismo ambiental y económico; los algoritmos de decisión, al judicial y político; la automatización, al laboral; los datos de entrenamiento, al cultural. Encerrar el tema en la página de gadgets facilita que las compañías definan el vocabulario y que las consecuencias lleguen tarde.

Haiku funciona como un espejo, con las limitaciones propias de cualquier sistema de monitoreo y clasificación automática. Lo que aparece en él es una conversación abundante y todavía dependiente, en la que las empresas extranjeras ponen a los protagonistas, las instituciones locales aparecen solo con actos ya consumados y el entretenimiento se encarga de la familiaridad.

La prensa en Costa Rica habla mucho de inteligencia artificial. Con demasiada frecuencia, el guion llega escrito desde fuera. La conversación pública madurará cuando las decisiones nacionales sean visibles antes de cerrarse y cuando el periodismo siga la tecnología hasta sus consecuencias. Hasta entonces, el país continuará leyendo un futuro redactado en otra parte y preguntándole, de vez en cuando, por el número ganador.

¿Cómo leer estos datos?

El análisis integra 9.025 notas deduplicadas de las versiones digitales de difernres medios costarricenses publicadas entre el 1 de enero y el 13 de septiembre de 2026. Excluye las transmisiones en vivo de podcast, radio, televisión y 87 registros de emisores institucionales, entre ellos MICITT, CAMTIC, CICR y PROCOMER, que no constituyen periodismo. La identificación de términos y las menciones institucionales corresponden a conteos verificables. El tono, los marcos, la relevancia y algunas entidades fueron clasificados por un modelo de IA desarrollado por el autor y sirven para comparar patrones internos, no para juzgar una nota individual o la calidad editorial.

El corpus combina dos monitoreos con lógicas distintas: un feed general para la primera parte del año y un seguimiento por palabras clave desde finales de julio. Por esa razón no se presentaron datos de volumen de cobertura. Tampoco mide audiencia, lectura o efecto sobre la opinión pública. En una validación manual de una muestra de 60 notas, el clasificador de marcos registró un 17% de error, concentrado en categorías cercanas. Las diferencias amplias entre marcos conservan valor interpretativo.

Fuente: Haiku, análisis de cobertura de inteligencia artificial en Costa Rica, 2026.

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